Autismo y fibromialgia: una conexión poco explorada, especialmente en mujeres adultas

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Mujer autista cansada

En los últimos años, ha aumentado el interés científico y clínico por comprender mejor la relación entre el autismo y condiciones físicas como la fibromialgia. Aunque estas dos condiciones pertenecen a ámbitos distintos —el autismo al neurodesarrollo y la fibromialgia al dolor crónico—, comparten aspectos que generan confusión diagnóstica, especialmente en mujeres adultas. De hecho, es cada vez más común encontrar mujeres que reciben primero un diagnóstico de fibromialgia, para luego descubrir, muchas veces tras años de búsqueda, que también son personas autistas.

Diferencias fundamentales: origen y manifestación

El autismo es una condición del neurodesarrollo presente desde la infancia, que se manifiesta a través de diferencias en la comunicación, la interacción social, la percepción sensorial y la preferencia por la rutina. No es una enfermedad ni algo que deba “curarse”, sino una forma diferente de procesar el mundo. Por su parte, la fibromialgia es un síndrome crónico caracterizado por dolor musculoesquelético generalizado, fatiga persistente, alteraciones del sueño y sensibilidad aumentada al tacto. Aunque no se conocen con exactitud sus causas, se considera una condición de disfunción del sistema nervioso central en el procesamiento del dolor.

Similitudes que generan confusión

A pesar de sus diferencias, ambas condiciones comparten ciertos síntomas: hipersensibilidad sensorial, fatiga intensa, trastornos del sueño, niebla mental y dificultad para tolerar la sobreestimulación del entorno. Esta superposición sintomática puede hacer que se confundan o que una condición oculte a la otra. En especial en mujeres, cuya presentación del autismo suele ser más enmascarada o camuflada, es común que se atribuyan sus dificultades al estrés, al dolor crónico o a problemas emocionales, sin considerar el perfil autista subyacente.

Mujeres autistas no diagnosticadas: un patrón recurrente

Históricamente, el diagnóstico de autismo se ha basado en criterios validados en niños varones. Esto ha llevado a que muchas mujeres no sean reconocidas como autistas durante la infancia, y lleguen a la edad adulta con una larga historia de malestar, incomprensión y diagnósticos parciales como trastornos de ansiedad, depresión… o fibromialgia. Estudios recientes (Kargas et al., 2021; Hull et al., 2020) han encontrado que una proporción significativa de mujeres con fibromialgia presentan rasgos autistas no reconocidos, y que muchas se identifican como autistas tras un proceso de autoconocimiento o evaluación especializada.

¿Qué implicaciones tiene esto?

Reconocer la posible coexistencia entre autismo y fibromialgia es clave para ofrecer una atención más completa, respetuosa y efectiva. No se trata de reemplazar un diagnóstico por otro, sino de comprender cómo se interrelacionan. Por ejemplo, una persona autista puede experimentar fatiga autista —un estado de agotamiento profundo tras un esfuerzo prolongado para adaptarse a demandas sociales o sensoriales— que se solapa con la fatiga crónica de la fibromialgia. Además, los entornos impredecibles o sobreestimulantes pueden exacerbar el dolor, el estrés y el colapso físico y emocional.

Un llamado a la evaluación integral

Para muchas mujeres, comprender que son autistas trae alivio y sentido a años de experiencias inexplicables. Permite resignificar sus vivencias, ajustar su estilo de vida y buscar apoyos adecuados. Por ello, es fundamental que profesionales de la salud que atienden a personas con fibromialgia —especialmente mujeres— estén sensibilizados con la posibilidad de que haya un perfil autista subyacente, y que puedan derivar a evaluaciones neuropsicológicas cuando se observen patrones compatibles.

En síntesis, hablar de autismo y fibromialgia no es hablar de lo mismo, pero sí de realidades que se cruzan en muchas personas, especialmente mujeres adultas. Ampliar la mirada, integrar saberes y escuchar las voces de quienes viven estas experiencias puede marcar la diferencia entre el sufrimiento silencioso y el acceso a una vida más comprensible, digna y acompañada.

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