¿Por qué no se habla del autismo en adultos?

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#¿Por qué no se habla del autismo en adultos?

El autismo ha sido históricamente un tema ligado a la infancia. Durante décadas, la sociedad, la ciencia y los medios de comunicación han presentado una imagen del autismo centrada en niños, dejando en la sombra a los adultos en el espectro. Pero, ¿por qué sucede esto? La respuesta es clara: falta información y comprensión sobre cómo es el autismo en la juventud y adultez.

Un pasado marcado por la desinformación

Hasta hace muy pocos años, el autismo se relacionaba erróneamente con la dinámica entre madre e hijo. Se llegó a culpar a las madres de la condición de sus hijos, lo que desvió la atención de lo que realmente es el autismo: una condición neurobiológica que acompaña a la persona toda su vida. Esta perspectiva reduccionista generó una imagen infantilizada del autismo, donde se asumía que una persona autista debía comportarse de cierta manera o que, al crecer, el autismo simplemente desaparecía.

La falta de información ha llevado a tres grandes consecuencias que afectan a las personas autistas en la adultez:

1. La eterna infancia de las personas autistas con discapacidad intelectual

A muchos niños neurodivergentes con discapacidad intelectual o retraso en su desarrollo se les ha negado el derecho a crecer. Son tratados como niños eternos, sin importar su edad biológica. Esta infantilización persiste en la adultez, afectando su autonomía, derechos y calidad de vida. Se les priva de oportunidades para la independencia y se les mantiene en un estado de dependencia forzada. Es fundamental cuestionarnos: ¿qué significa realmente ser adulto? La edad mental y la edad biológica son conceptos distintos, y es necesario abordarlos con profundidad para garantizar una vida digna para todas las personas en el espectro.

2. La invisibilización del autismo en la adultez

A los niños autistas sin compromiso cognitivo se les ha negado la posibilidad de comprender su propia neurodivergencia en la adultez. Se les enseña a enmascarar, a adaptarse a las expectativas sociales, a esforzarse para «encajar». Y cuando crecen, se asume que su autismo se ha «curado» o que nunca existió. Sin embargo, el autismo no es una enfermedad ni algo transitorio. Es una forma de ser, de percibir el mundo y de procesar la información, presente en todas las etapas de la vida. El desconocimiento de esta realidad deja a muchas personas sin el apoyo adecuado y con la sensación de que hay algo «mal» en ellas, cuando en realidad simplemente no han tenido el acompañamiento necesario para comprenderse y aceptarse.

3. Adultos en búsqueda de respuestas

El tercer grupo es el de aquellas personas autistas que nunca fueron diagnosticadas en la infancia. Crecieron enfrentando barreras sociales, dificultades en la comunicación y desafíos en la vida cotidiana sin saber por qué. De adultos, muchos comienzan a encontrar respuestas al descubrir el autismo. Buscan un diagnóstico que les permita comprenderse y validar su experiencia. Sin embargo, se encuentran con sistemas médicos y profesionales que aún desconocen cómo evaluar el autismo en adultos, perpetuando la invisibilización y el sufrimiento.

Hacia un cambio de paradigma

Es urgente que como sociedad dejemos de ver el autismo como algo exclusivo de la niñez. Las personas autistas crecen, trabajan, forman relaciones y tienen vidas tan diversas como cualquier otra persona. Necesitamos información clara, diagnósticos accesibles y un cambio en la forma en que comprendemos el neurodesarrollo a lo largo de la vida.

Romper con los mitos y la infantilización del autismo es un paso fundamental para construir una sociedad más inclusiva, donde todas las personas, sin importar su edad, reciban el respeto y el apoyo que necesitan.

Hablar del autismo en la adultez no es opcional, es una necesidad.

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